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Deseo

Sentada, meto mis pies en el agua, el sol pega directamente en mi cara y una voz me dice a mi izquierda:
-Por qué tan sola, en este lugar en el que todo el mundo esta feliz? Y tu te ves tan pensativa…
-Sola, mmm no, más bien eso… pensativa
Luego de esas palabras una enorme sonrisa en tus labios, me extendiste la mano y me invitaste a nadar contigo al tiempo que te quitabas esos lentes oscuros y me decías tu nombre y el gusto que te daba conocerme.
Un alma tranquila entre tantos borrachos decías.
No había visto unos ojos tan azules como los tuyos nunca y a la fecha me parecen los más azules… los más profundos.

Ese día todo lo pase contigo, esa noche… también.

Acompáñame a mi cuarto, te dije, no sentía la más mínima inhibición desde el momento en el que me sonreíste.
Llegamos a la habitación y tus manos reposaban sobre mi cintura, nuestro cuerpo aún mojado, luego de meternos a nadar.
No soportaba más entre tantos besos y tanto (deseo) de estar juntos sin que nadie nos viera, a solas.
Mientras íbamos entrando al cuarto besabas mi cuello y con tus dientes desamarrabas mi bikini, tus manos subieron de mi cintura a mi pecho y ahí se quedaron explorando un buen rato, me diste la vuelta y yo solo conseguí empujar la puerta de entrada y sumirme profundamente en un beso. Recargados en la pared.
Me llevaste a la ducha y ahí me cargaste y yo entre el agua y tu saliva me sentía más húmeda que nunca en mi vida, luego fuiste extremadamente tierno, yo seguía enredada a tu cuerpo y tu me abrazabas y besabas toda.

Vamos a la cama, me dices al oído, tan despacio, y al tiempo me besas la oreja, estoy que exploto y solo asiento con la cabeza.

Me encantas todo, me encanta como me miras, como me tocas, como me besas, como tratas tanto de hacerme feliz.

Abres mis piernas con tu cabeza y con tu lengua exploras todo mi sexo, no sé que es lo que haces ahí abajo pero me encanta, nadie nunca me había hecho sentir así, nadie nunca me había hecho vibrar como tu, nadie… nunca.
Incontrolable todo lo que siento, emocional y físicamente, mis piernas empiezan a temblar y mi espalda se arquea hasta que el río dentro de mi se desborda dejándome sin aliento y rendida ante tus besos.

Exhaustos, sugieres vayamos al balcón a despedir el día, tomas una cobija y nos envuelves a los dos en ella, nos sentamos a la luz de la luna y besas mi frente.

Deseo tanto volver a verte, deseos