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las aguelurcas (segunda y última parte)

Pues bien, ayer le hable a la aguelurca María y como siempre mando sus bendiciones y que todo estaba bien… me extraña dice, ojala y pueda verla este fin.
Bien pues me quede contándoles de mi niñez y de como mi abuela me cuidó durante muchos años, pero en cuanto los tíos crecieron ya no se podían hacer cargo de mi y éramos 4 primas las que tenían que cuidar (Erika, Cristell y Paulina, las 4 de la misma edad a igual de tremendas), así que empecé a quedarme mucho más tiempo con la abuela paterna.

LA AGUELURCA QUINA
Tengo los recuerdos más entrañables de su casa, porque había muchos niños con los cuales jugar pero igualmente en esta familia yo fui la primera nieta, de nuevo, la consentida, ahora creo que no les he contado pero de 8 bisabuelos tuve la oportunidad de conocer a 4 y los papás de mi abuela quina vivían con ella, todos los nietos les decíamos PAPÁ PEPE y MAMÁ NICO, simpáticos viejillos que al final de sus días nos hicieron la vida de cuadritos y cabe señalar que murieron hace muy poco tiempo, así que si los disfrute durante muchos años.
De ellos recuerdo miles de cosas, en las posadas nosotros solíamos “arrullar al niño” porque la familia paterna es extremadamente religiosa, siempre iba a misa con mi abuela y mi bisabuela y ellas fueron las primeras en sorprenderse cuando me convertiría al budismo, pero no replicaron nada, lo aceptaron tal y como toda mi familia lo hizo.
Recuerdo mucho a mi primo Roberto, con el que jugaba por horas y horas molestando a los bisabuelos y cuando MAMA NICO, se cansaba de nosotros nos decía -vengan niños, ayúdenme a hacer de comer- DIAAAABLOS!! ya sabíamos que íbamos a hacer tamales, entonces veíamos la enorme tina llena de masa y mi primo y yo metíamos las manitas en la olla para amasar la masa… durante horas, en serio eso de hacer tamales a la antigüita no es nada fácil.
De PAPÁ PEPE recuerdo que siempre le gustó tener la casa al día, de hecho el la construyó con sus propias manos, siempre estaba pintando y leyendo, pintando y leyendo, pero lo mejor que teníamos él y yo eran LOS TOROS… los domingos salíamos mi papá y yo tomados de la mano, me subía al carro y recogíamos a mi bisabuelo, todos con nuestro sombrero y jeans listos para ir a la fiesta brava, ya en la plaza comprábamos los boletos de siempre, sombra-general, nos metíamos por la misma puerta y nos sentábamos con la misma gente, ver la emoción de mi abuelo y mi padre era mi mejor recompensa los domingos, cuando terminaba la temporada no hacía más que esperar a la siguiente, la verdad es que me encantaba la complicidad que teníamos los 3, era algo que solo nosotros compartíamos y que hacíamos juntos, me encantaba sobre todo la imitación de mi papá al Juez de Plaza, como les encantaba gritar PINCHES VILLAMELONES!!!!, la clásica PORRA LIBRE, con la respuesta también clásica de PORRA MÉNDIGA!!!, los forcados, el indulto, los rejoneadores, y lo mucho que había que aprender de los toros, siempre diferente, siempre divertido.
Es una costumbre que se fue perdiendo poco después de que mi bisabuelo murió y luego por mi religión se perdió por completo… no extraño la fiesta, extraño la convivencia.
En fin, mi aguelurca Quina se casó con el padre de 5 de mis 6 tíos, incluyendo a mi papá eran 7, pero mi abuelo Felipe murió cuando mi papá estaba muy chiquito y mi abuela se volvió a casar con mi abuelo Juan, al que todos conocían como Don Juan, era un hombre fornido, y lo recuerdo siempre con mucho cariño, con mi abuela procreo a mi tío Carlos (churras), que fue una gran influencia en mi vida profesional, pero eso ya se los contaré otro día.
Mi abuelo Juan me enseño a decir la letra “R”, porque cuando nos íbamos al rancho teníamos que tomar el feRRocaRRil… siempre lo recuerdo por eso, desafortunadamente murió hace muy muy poco tiempo y eso afectó profundamente a mi abuela…
La noticia de la muerte de mi abuelo me pegó como un balde de agua helada, porque resulta que todo el mundo sabía que estaba enfermo, pero yo no!!!, así que el día que mi mamá me llamó y me dijo -tu abuelo está en el hospital, lo acaban de operar y no creen que despierte- le dije ajaaaaa con eso no se juega mamá!!!, dos días después, justo el día que fui a verlo… murió. Mi abuela estuvo el día del velorio dormida casi todo el tiempo, me pareció increíble ver a mi madre destrozada y a mi papá sin una emoción en la cara, de verdad fue un momento lúgubre, horrible, fui la primera en llegar al velorio y me senté frente al féretro por horas, con la mirada perdida, simplemente no lo podía creer.
El día que por fin mi abuela pudo hablar conmigo me dijo, gracias por haber venido, quisiera morirme, irme con Juan, era mi compañero, lloró… jamás la había visto llorar JAMAS!!, fue el momento más triste, dio una vuelta y luego volvió diciendo, me gustaría irme, pero mis hijos me necesitan, ni modo verdad hija? -así es abuela, ni modo, solo se nos adelantó -le dije-.
Cuando tengo oportunidad de ir a ver a mi abuela me paso un buen rato en su cocina charlando, a ella le hablo por teléfono más seguido, no se pero siento que tenemos una conexión especial, a la misma edad nos lastimamos por la misma enfermedad el oído y no podría darle más gusto el saber que yo aún escucho, por que ella de plano me dice -hija, grítame que no oigo nada-. Esta última visita que le hice fue sin ninguna razón pero pase horas platicando de sus nietos, hicimos salsa de molcajete, y cuando llegó la señora que le hace el aseo le dijo:
-Esta es mi nieta Mónica, la más grande, vive sola, ella si estudió y no podríamos estar más orgullosos de ella-, sentí que el corazón me reventaba, no supe que decir, no supe que hacer, voltee y me sonrió, con eso nos dijimos todo.

Tengo la dicha y el privilegio de haber conocido a mis dos abuelas, las historias de mis abuelos ya las conocen, no tengo más que palabras de afecto y buenos recuerdos de ellas, criaron a mis padres que son dos personas maravillosas, y en su momento hicieron lo mejor para criarme a mi, una y mil vidas se podrán vivir, pero siempre las escogería como mis abuelas si tuviera la oportunidad… dos grandes mujeres que se merecen todo mi amor y mi respeto.